jueves, 31 de marzo de 2016

He cambiado

"He estado pensando en los cambios y en quién era yo hace un año. Sé que estaba mucho más asustada y sé que ya no soy la misma persona que antes. Por estas fechas, el año pasado estaba esperando una llamada que sabía que nunca llegaría. Y ahora, soy yo quien está haciendo la llamada. No sé exactamente cuándo cambié, ni cómo, pero sé que en algún punto mientras escapaba de mi jaula y construía mis propias alas, me convertí en alguien libre."

-Anónimo-

miércoles, 30 de marzo de 2016

Manual del Emigrante IV

Lisboa, una ciudad que en los últimos tiempos siempre intenta estar a la última: la música, el diseño, la moda, el arte y el último furor como en otros países: el running.
Sólo son necesarios 10 minutos en un parque para contar unas decenas de runners, y mirándoles, no se puede evitar pensar que no son muy distintos de cualquier emigrante, huyendo, sin mirar atrás, y dejando tal vez demasiadas cosas a sus espaldas.
Dicen que corriendo uno sólo compite contra sí mismo. Eres tú quien decide parar o continuar pese al trabajo y el esfuerzo y es entonces cuando uno decide no rendirse, cuando de verdad se empieza a disfrutar del trayecto.
Cuando eres inmigrante, como en toda carrera, lo importante es conocer a tus rivales, nunca darte por vencido y tener el valor de levantarte cuando caes o en su defecto que alguien te tienda la mano para ayudarte.

-Parafraseando Buscando el Norte-

martes, 29 de marzo de 2016

Cualquier Otra Parte

"Por ti y por mí. Por el pasado inevitable y por el futuro ineludible. Por saber siempre por dónde van los tiros. Por lo nuestro, que espero que algún día sea más grande que todo lo demás. Y, si no es así, que al menos sirva para escribir una buena historia. Por eso de irte sin aviso y volver sin anunciarte. Por las noches sin dormir y los días sin respirar. Por nuestros juegos sin fin, mezclando partidas, y al final sin saber si íbamos o veníamos. Por dejar que pase lo que tenga que pasar. Por quedarnos con la vista en el cielo y olvidarnos de los pies en la tierra. Por tu manera de hacer que las pequeñas cosas lo sean todo. Y porque cuando te dispones a hacer algo grande, lo haces con todas sus letras.
Por los viajes clandestinos. Por los fines de semana de incógnito por media geografía. Por echar la vista atrás y concluir que fui yo la cobarde. Por tener la jodida razón. Por cada copa de más y cada café de menos. Por ser más que un sábado por la noche y cualquier abrazo frío. Por darme la mano cuando más lo necesité. Por no poder echarnos nada en cara.


Por todas las cartas escritas que espero que estén perdidas. Por todas las veces que no contestaste. Por los recuerdos resucitados cada vez que pienso en ti. Por catapultarme hacia algo mejor.
Por esa canción, sabes a cual me refiero. Por los pelos de punta, los ojos al cielo y los latidos acelerados. Los repetiría una vez más. Por cada tiro a quemarropa que te merecías. Por cada tiro a bocajarro que me busqué. Por no leer todo lo que escribo. Por todos los intentos de despedida y todos los secretos guardados. Por tu carcajada quebrada y tu mirada revuelta.
Por cómo lo dejas, en presente. Por la manera en la que te rindes, que hasta en eso tengo que reconocer que tienes elegancia. Por la persona en la que creo que te has convertido después de todo este tiempo. Por poner un mar de por medio y contarlo a veces en centímetros. Y sobre todo por saber ser la más fuerte de las dos.
Por todo eso y por muchas cosas que no confesaré jamás, de una forma un tanto inexplicable, quiero decirte que siempre me tendrás."

-Lo que ellos no saben-

Pedalear

La vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio, siempre hay que estar en movimiento.

-A. Einstein-

domingo, 27 de marzo de 2016

El amor en un bote de cristal

La soledad es mirar a unos ojos que no te miran.

Llega entonces ella, disfrazada
de pájaro, árbol y viento, 
llega entonces ella, disfrazada, 
atrapa una lágrima con el dedo 
y la mete en un bote de cristal. 

Añoro el mar, 
alcanzo a decir. 

No quedará hueco en el mundo en el que no existas, 
me dice, 
no existirá lugar alguno en el que 
no te mire. 
Montañas, sauces, telas de araña, 
en todos tejo tu nombre, 
en todos coloco tu cuerpo frente al daño. 
Te llevaré, acaso, 
ante el precipicio, 
habré de empujarte y cogerte la mano 
para que me creas. 
Y solo entonces si desvío la mirada 
hacia el fondo, 
inquieta por lo que allí te espera, 
te diré que no puedo compartir mi dolor, 
que el viento me lleva a otro sitio, 
que el silencio es el único lugar 
en el que me quedan palabras, 
que he de soltarte 
para poder cogerme, 
que me voy, amor, 
que te quiero y que me voy queriéndote 
para no quererte nunca más 
y olvidar las montañas, 
y los sauces, 
y las telas de araña 
y tu cuerpo frente al daño 
que me espera ahora en otros lugares. 

Y así, con el dolor de lo inevitable, 
recogerás con el dedo la misma lágrima 
que hoy me quitas 
y volverás a dejarla sobre mi rostro, 
esta vez 
en otra mejilla. 

La soledad es mirar a unos ojos que no te miran. 

-Elvira Sastre-