domingo, 19 de febrero de 2017

Mi historia

Gracias papá por estar siempre ahí. Porque muchas veces los padres tienen que competir con esa idea de que los padres no dan tanto como las madres, pero yo puedo decir que no es así. Que he ganado tanto contigo. Tanto, papá, que quería escribir esto para recordártelo.
Gracias papá, por cuidarme y preocuparte por mí desde el minuto cero. Gracias papá por ahuyentar a los monstruos de debajo de mi cama, por todos los cuentos todas las noches que los necesité, por despertarte para calmar mis miedos. Por espantar a mis pesadillas y encargarte de que no regresaran jamás. Por vivir sin horario porque el trabajo de padre, desde luego, es uno de los más complicados y que requieren más tiempo. 
Gracias por jugar conmigo tanto al fútbol como a las muñecas, por interesarte en todos y cada uno de los aspectos de mi vida. Empezando por las manualidades de preescolar y acabando por mi vestido de graduación. Por venirme a buscar, no importa el horario, no importa el destino, por aparecer ahí siempre que te he necesitado, como mi Supermán particular. Porque para mí eres un héroe, y siempre que he dicho que todos los hombres eran estúpidos añadía “menos mi padre”. 
Sé que te he cerrado muchas puertas y que me he propuesto no volverte a hablar tantas veces, aunque muchas ni siquiera durara más de unos minutos. Es complicado decir “no” a una persona a la que quieres tanto, pero esos “no” son los que me han convertido en la persona que soy ahora. Que hay muchas cosas que no comprendía y con el paso del tiempo te das cuenta que esa niña de 14 años creía que lo sabía todo, pero estaba muy equivocada. Gracias, papá, por enseñarme a madurar. 
Gracias papá por desearme lo mejor y renunciar a tantas y tantas cosas por mí. Prometo que haré todo lo que esté en mi mano para mantenerte orgulloso y con una sonrisa, porque aún no sé cómo compensarte por todo lo que haces día a día. Sé que vivimos en un mundo complicado, que los chicos van a lo que van y que he de anteponerme a mí y a mi futuro ante caprichos momentáneos. Sé que no tengo que tratar como prioridad a quien me trata como opción, que no tengo que volver a casa sola por la noche y que pasar muchas horas frente al ordenador levanta dolor de cabeza. Sé que tengo que abrigarme bien, comer sano, e intentar ser más puntual. Y todo esto lo sé por ti, por todas esas veces que me lo repites, porque no es algo que te enseñen en la escuela. Tú has sido mi profesor particular. 
Gracias papá por estar ahí, siempre que te he necesitado. Gracias por creer en mí. Papá, te quiero. 

-Compartiendo Macarrones- 

Tú eres la historia más bonita que el destino escribió en mi vida. 
-Anónimo- 

¡Felicidades papá, allá donde estés!

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