miércoles, 7 de junio de 2017

Lugares

No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuánto has cambiado tú. 

-Nelson Mandela-

martes, 6 de junio de 2017

Incrédula

Y cuando menos lo esperas alguien sostiene tu mano y tú incrédula por tu falta de costumbre no sabes si sujetarla o no.
No sabes cuánto durará esa mano, ni la compañía que ella implica pero rara vez una mano agarra a otra, rara vez una mano aparece en nuestro camino diario, ese en el que tú sola te agarras con uñas al esfuerzo diario que implica esta sociedad de salvajes en la que nos hemos convertido. 
Una vida en la que sólo vale el sálvese quien pueda, y sólo nos preocupa si nos concierne, si no, ojos que no ven corazón que no siente.
Una sociedad en la que las personas con gran corazón poco lugar tienen, un mundo en el que casi ni se permite llorar, y si lo haces mejor que lo hagas a escondidas. 
Una vida en la que cada vez se hace más difícil creer en las amistades verdaderas, en el amor incondicional, en los sentimientos puros, en las palabras de corazón. 
Y ahí te ves tú, mirando esa mano que parece ser amiga, y sientes miedo de sujetarla y caer, porque son muchas las veces en las que has sentido que cuando tus piernas fallaban, no había nadie para sujetarte y cuando tu corazón se rompía no había mano que te sostuviera, y entonces lo que sobretodo sientes es miedo a caerte. 
Pero mira cada uno es como es, y yo soy así, quizás no tenga lugar en este mundo y quizás me toque volver a chocar con la misma piedra y sentir la misma soledad al ver que quien consideraba amiga realmente no lo es, pero de perdidos al río, y por eso prefiero caer por haber sido yo y actuar con el corazón que caminar sola por miedo a que me resquebrajen el corazón. 

-Itxaso Cenzual-

lunes, 5 de junio de 2017

Vivir viviendo

Verás, te escribo para avisarte de que durante tu vida vas a destrozar todo cuanto quieres un millón de veces. Debo decirte que andarás por caminos equivocados, en busca de piedras con las que ya has tropezado cientos de veces y aún no aprendes la maldita lección de que la piedra no te merece.
Te preparo ya, porque vas a llorar hasta sentir que la desesperación se apodera de ti, y que estás derramando todas las lágrimas que han estado gestándose en tus bonitos ojos durante meses, sólo para que en esta ocasión puedan caer todas juntas.
Te diré también que por mucho que encuentres personas que te quieran y te protejan, nadie, salvo tú misma, vas a poder vencer a tus fantasmas. Tendrás que asomarte debajo de la cama y apuñalar tus miedos o abandonarlos en cualquier esquina para que busquen a otra víctima.
Vas a amar hasta que duela tanto que pienses que el amor es justo lo contrario a todo lo que te habían contado, y te preguntarás cómo cabe tanta ira en un sentimiento que supuestamente debería ser igual de bonito que el propio paraíso. Pues, sí, encontrarás ese paraíso, lo abrazarás como quien abraza a un ser querido en la zona de llegadas del aeropuerto, y lo cuidarás con el miedo perpetuo a que se rompa y te arrastre con él.
Pero de lo que nadie te avisó es que hay pocas cosas en esta vida eternas, y que todo lo que amas acaba por sacar sus púas antes o después, pero aun así merecerá la pena haberlo intentado, te lo aseguro.
Equivócate mucho y besa tantas ranas como necesites, pero después de todo, no caigas en el error de creer en príncipes, porque esos sólo están en tu cabeza. Busca a una persona que le dé un verdadero sentido a esa palabra y llene tus días de sencillez y amor.
Te van a fallar y vas a fallarles. Habrá días en que te venza la insolencia y te acuestes convencida de un pensamiento que habrá desaparecido al amanecer, dejando tras de sí ese estúpido sentimiento de no haber hecho lo correcto. No temas, afortunadamente todos nos equivocamos tantas veces como acertamos y nos sacudimos a nosotros mismos los errores que nos pertenecen.
También van a fallarte aquellos que te han dado la vida y tendrás que hacer profundos ejercicios contigo misma para perdonar a dos personas que piensas que no tienen ningún derecho a decepcionarte, pero que, pese a su condición de padres, son tan humanos como tú.
Vas a darte cuenta de que las sonrisas se regalan, se prestan y, por desgracia, a veces, hasta se hipotecan. Y que, hay muchas bocas mentirosas, que no se dan cuenta de que la mirada siempre les delata.
Habrá días que te levantarás con ansias de comerte el mundo, de marcar tus huellas en el suelo que pisas y de hacer tu propia revolución, y cambiar todo aquello que no consideras justo. Hazlo, aprovecha ese espíritu joven y rebelde y apuesta por tus ideales, que seguro que son más valiosos que la mayor de las fortunas. Y los días en los que te despiertes y te abrume el sólo hecho de pisar el suelo, cuando no encuentres más refugio que tu cama y ese nórdico en el que aún confías para hacerte invisible, recuerda que la tristeza también forma parte de esta vida que, a veces, es muy puta y trata mal a los que menos lo merecen. Pero que pasará y que seguro que en ese teléfono en el que te refugias para no desconectar completamente del mundo en los días de pena, hay un contacto dispuesto a matar monstruos por ti y salvarte de esa tristeza que hoy te sacude.
Vive, vive a tu manera, pero vive.

- La mirada de Julita-

domingo, 4 de junio de 2017

La pieza defectuosa del puzzle

Eres mi pieza preferida.
En el mundo de los humanos, todo se queda corto, una mirada, una sonrisa, una caricia en la espalda. Su mundo gira deprisa, nunca hay tiempo para el hoy, sólo existe el mañana. Son fáciles de distinguir, los verás caminando apurados, mientras se giran a ver sus rostros en cada reflejo. No te fíes de las apariencias, pues ahí donde los ves, son el ser más cruel de la Tierra y al mismo tiempo el que se cree más bondadoso. 
Alegan ser racionales mientras cometen barbaries. Son en términos generales, el ser más despreciable. 
Por este motivo hay que valorar tanto a las piezas rotas del puzzle, esas que no encajan y tampoco lo quieren hacer, aunque duela, día sí, día también.
Hay que brindar con la cerveza en alto, por la verdad, aunque duela. Darle una patada en el culo a la hipocresía y vivir la vida siendo uno mismo, el resto de papeles ya están cogidos. 
Sigue tus sueños, como si fueran un mapa, vete paso a paso, disfrutando cada momento. No te prometo que los vayas a cumplir, yo no soy nadie para decirte eso, pero sin duda, si das lo mejor de ti, lo consigas o no, no te quedará una miserable duda. 
Es tan sencillo y a la vez tan complicado. Ser quien eres, defender lo que crees y estar abierto siempre a la posibilidad de que te equivoques. Cabezas abiertas, mentes inquietas. 
A ti, compañera de viaje, decirte que es increíble que no te vendas en un mundo donde todo tiene un precio, que una moneda no da la felicidad y que un momento con un ser querido es mucho más importante, es algo que sabes y demuestras. Me encanta que lleves tatuado en la frente: “Vida hay una y la mía no tiene precio”. 
Es de locos pensar lo que inspiras, cuando emerge de tu boca mi cita favorita en forma de sonrisa. Transformas mi apatía en ganas de seguir mi batalla, como si de un simple interruptor se tratara. 
No es de extrañar que la gente observe en tu mirada eternidad. Eres puro sentimiento, ríes, lloras y vuelves al ring de boxeo llamado vida. 
Eres mi pieza preferida, porque no encajas, porque eres única, porque eres tú misma. 

-Voces. Colaboración: Adrián Salgado-

sábado, 3 de junio de 2017

Imaginar la realidad

He dado tantas vueltas a este post, que al final, voy a hacer lo que se me da mejor: dar libre albedrío a mis manos sobre el teclado y abandonarme para que las palabras y los pensamientos surjan solos. 
Es fácil que en el día de hoy me deje llevar por los recuerdos del pasado, tal vez tildados de melancolía, a pesar de ser uno de esos en los que la felicidad debería ser el sentimiento dominante. 
Inevitable será echar la vista atrás y recordar de dónde viene todo. El principio. Y cómo hemos llegado hasta aquí. 20 años después. 
No es que quiera sustituir mi presencia física por la digital, ¡ni pensar!, pero doy gracias a eso de las redes sociales y al móvil. De alguna manera han permitido que no pierda esos lazos, cordeles, cuerdas, que me atan a la realidad de mis orígenes. Un origen del que eres clave y que hoy nos vuelve a juntar para celebrar un día muy especial: tu día. 
A pesar de la distancia y las dificultades que aparecen en el camino, hay una cosa que siempre he tenido muy clara: si quieres estar realmente presente, haces lo posible e imposible para ello. Donde sea. Como sea. Y hoy es uno de esos días. Para estar contigo, para verte feliz. 
Pero ahora mismo, como decía al principio, no quiero pensar mucho, y quiero hacerme eco de unas palabras que leía hace un tiempo: prefiero imaginar. 
Prefiero imaginar aquello que has preparado con mimo, con quebraderos de cabeza y sin parar durante escasos meses. Todo para que fuese una celebración perfecta. 
Y empiezo a divagar y te imagino en un par de horas con una sonrisa de oreja a oreja, con los sentimientos a flor de piel permanentemente, con tus ojos llorosos llenos de emoción y, al mismo tiempo, de felicidad. Bueno, ¡a quién vamos a engañar! Si en la despedida fue lo que fue... creo que de esta vez necesitarás el rollo entero de papel higiénico. 
Te imagino con tu vestido, secretamente guardado hasta el último momento, con el que estarás y te verás deslumbrante, a pesar de las incontables veces que has dicho por ahí: ¡si quieres te lo enseño!, fruto de las ganas que tienes de este día y bueno… que en el fondo no consigues quedarte callada. Te puede el ansia, el nervio.
Te imagino culo inquieto durante todo el cocktail y el banquete, preocupada, y preguntando a cada uno de los invitados si se lo está pasando bien, si estamos bien, si nos está gustando. Nada diferente de lo que haces en tu día a día con los que quieres. 
Te imagino haciendo el ganso (versión cocorock) cuando llegue la hora del baile. Tranquila, ya sabes que no serás la única. ¡Tienes fieles amigas que no te dejarán quedar mal! E intentando fingir que sabes todas las canciones, cuando no es así, aunque el playback se te da de vicio. 
Pero principalmente te imagino feliz por todo. Por ser ese día que anhelabas tanto y que parecía que nunca iba a llegar, pero que ha llegado finalmente. Por estar con los vuestros. Por poder compartirlo con aquellos que queréis. 
Por ser TU día... VUESTRO día. 

¿Sabes qué? Creo que mi imaginación no será muy diferente de la realidad. 

Ana, buena, especial y única. Siempre cerca... dejando los sentimientos grabados en tinta. Desde el primer día. 

Sólo os deseo una cosa: ¡que seáis más felices todavía! 
¡FELICIDADES Amiga! 
¡Te quiero! 

-DetallesConectados-

viernes, 2 de junio de 2017

Di "hola" y sonríe

My partner in crime tiene una filosofía de vida que me encanta. Le admiro y le quiero como a un hermano, y él lo sabe.
Pocos meses después de conocerle fui testigo de cómo daba una lección de educación y de saber estar a personas mucho más mayores que él. Han pasado tres años de aquello y me acuerdo como si fuese ayer. Callar bocas con la verdad, se suele decir. 
Pero si hay algo que adoro de su personalidad es esa sonrisa que lleva por montera allá por donde pasa. Eso, y su "hola" o "buenos días". ¡Siempre! No falla.
"Di hola a quien ves todos los días"
El otro día, paseando por la ciudad, me encontré este cartel pegado en la marquesina de una parada de autobús, y me acordé de él. 
Le envié un mensaje casi instantáneo y le dije: qué poco cuesta hacerlo y qué poca gente lo lleva a la práctica. 
¿Os habéis parado a pensar con cuánta gente os cruzáis a diario y ni siquiera os saluda? O peor... ¿que os pone mala cara u os gruñe cual perro rabioso? 
Así que, hoy, os invito a que sonriáis, más todavía, y que digáis ese "hola", incluso a aquellos que no os devuelven el saludo ni la sonrisa... Porque como diría él: "Sonreid, que una sonrisa no cuesta nada. Es gratis." 

-DetallesConectados-

jueves, 1 de junio de 2017

Orgullo

Orgullo de todo lo que has conseguido y de todo lo que sé que conseguirás.
Orgullo de las veces que te levantaste. Y más orgullo por las veces que te caíste. Porque cada caída fue un intento. Cada error una lección. Cada reto conseguido un límite menos. 
Orgullo por esa fuerza, por ese coraje, por esa pasión. Orgullo por no pedir permiso para soñar. Por intentarlo y por conseguirlo. Por no encajar a veces, ni tampoco pretenderlo. Por enseñarnos que las reglas a veces hay que cuestionárselas. 
Orgullo por ser de esas personas con una magia especial. De esas que lo cambian todo y no sabes muy bien cómo. De las que son capaces de poner todo patas arriba. De las que no se rinden nunca. 
Orgullo por ti. Por lo grande que eres aun sin saberlo, aun sin pretenderlo. 

-Caracoles Caraduras-