miércoles, 31 de enero de 2018

Eres los viajes que haces

Un calendario, un mapa del mundo y la ilusión por todo lo alto.
Con qué poco se puede ser feliz.
El destino. Quizá decidido desde hace varios sueños, desde hace algún viaje pasado, desde hace algunas vacaciones ya lejanas. O quizá todavía esté pendiente de decidir y te esté costando hacer click, decir que sí, pasar al siguiente. Quizá sea cuestión de elegir más de uno. Un año da para mucho.
Y que el destino no siempre es el factor decisivo, la pieza clave o lo más importante de la aventura. Por no ser, puede no ser siquiera un lugar. Un espacio delimitado. Un listado de visitas obligadas que puedas tachar una vez realizadas. En ocasiones no es físico, sino sentimiento. No es un souvenir, sino un recuerdo. De esos que duran toda una vida si lo sabes cuidar. Es una nueva bocanada de aire, un aprendizaje de los que cambian un poquito tu vida, una nueva forma de mirar y de percibir. La que se vive únicamente al viajar.
El equipaje. Es ilusión envuelta de cariño, de mucha paciencia y de altas dosis de esperanza. Para que se mantenga intacta, protegida frente a los vaivenes del viaje, frente a los contratiempos que se crucen de camino. Y que no te falte tampoco libertad, para decidir en cada momento, para improvisar los acordes, para inventarte la letra de cada canción. Y una cámara. Para inmortalizar sonrisas, para captar los más diminutos matices, para construir bonitos recuerdos.
La maleta. Cuanto más ligera mejor. No se necesita tanto, ni siquiera el dichoso mapa. Sobran los “porsiacaso”, las ideas preconcebidas, las expectativas que son demasiado altas. Y cualquier otra obligación que te hayas marcado antes de partir. Es una decisión. Sobre qué se queda fuera, que es lo que no tiene espacio ni cabida de ninguna de las maneras. Y es también saber dejarlo atrás, aunque no siempre sea fácil. Quizá sea para tan sólo unos días, pero quizá sea para una larga temporada. O para nunca más. Que hay viajes con billete de regreso ya comprado y hay viajes para no volver.
Pero deja espacio para la vuelta. Que siempre traes algo contigo. Nunca vuelves de vacío.
La compañía. Que bien elegida, puede ser un mundo. El tuyo. Un todo o nada. Puede ser la diferencia entre algo que valga la pena y algo que sea inolvidable. Entre un viaje más y el viaje que te sirva de estímulo y ejemplo para los siguientes. Ese que te proporciona una continua inspiración, el empuje para ir cada vez más lejos, la motivación para abrirte a mil y una posibilidades. Aunque a veces caigas en el error de tratar de repetirlo.
Porque… Para qué repetir viajes, habiendo tantos otros por hacer.
Como error puede ser el empeñarte en que alguien te acompañe. Sí o sí. Como si ir solo fuera una especie de fracaso, el mayor de los aburrimientos o un gran riesgo. Como si elegir un mal compañero no lo fuera. Error es pensar que siempre se necesita a alguien con quien viajar. Y que, el no tenerlo, nos sirva de impedimento, de excusa o de eterna demora.
Que puedes ser tu mejor compañero posible, si te lo permites.
El viaje. Partir. Saber desde dónde salimos, qué llevamos con nosotros. A dónde lleguemos ya se verá. Tomar esos planes escritos sobre papel y darles forma a nuestro antojo. Darles vida. Sin permitir que tomen el control. Dibujar el camino sobre la marcha. Porque a veces, la mejor decisión es dejar de decidirlo absolutamente todo. Dejar de pensar. De planificar punto por punto hasta el último párrafo. Dejar de planear los descansos, las fotografías milimétricas y nada espontáneas, los autobuses a tomar.
Que la mejor opción suele ser simplemente andar. Hacia donde tus pasos te guíen, hacia donde tu instinto te lleve. Donde sientas que debes estar. Perderte por calles, incluso las que no aparecen destacadas en los mapas. Suelen ser las mejores. Las más auténticas. Las más frescas.
Sentirte libre. Llegar a sentirte parte del lugar, de la gente, de la experiencia. Soltar lo que te controle, lo que te dirija. Incluso a ti mismo.
Darte la oportunidad. De perderte, de encontrarte, de cambiar. No en vano, dicen que cada viaje que haces te cambia un poco. Tu manera de pensar. De sentir. De viajar. De querer y quererte. Tu manera de priorizar.
Que cada viaje es una historia.
Y que eres la historia de los viajes que haces, y de los que no.

-Entre suspiros y un café-

martes, 30 de enero de 2018

Da lo mejor de ti

Da lo mejor de ti. Da tanto hasta tal punto que creas que lo has dado todo. Pero deja siempre un poquito más, para cuando haga falta. Hazlo con pasión, con ganas, no porque sí, ni por obligación o porque te digan que es lo que debes hacer. Las cosas que se hacen sin ganas son un completo aburrimiento y, a la larga, no te sacan ni una sonrisa.
Puedes dejarte sudor y lágrimas todos los días, a cada segundo, no parar de trabajar, de hacer cosas, de ponerle mucho esfuerzo, de madrugar… pero si, al final del día, sientes que es lo que te gusta, lo que te apasiona y a lo que te quieres dedicar el resto de tu vida, créeme que todo el cansancio merecerá la pena.
Porque existe algo, o sino lo invento yo, que dice que cuanta más ganas le pones a algo, más sonrisas sacas. Y a más sonrisas, menos cansancio. Incluso con horas de sueño a las espaldas.

No lo olvides.

-Un rincón maravilloso-

lunes, 29 de enero de 2018

Dan la vida

Dan la vida esos momentos de viernes aun estando totalmente reventadas de la semana porque en esos instantes no sientes cansancio alguno.
Dan la vida esas cenas de gordez máxima porque el cuerpo nos lo pide, con su hamburguesa, sus patatas y su cerve. Y si rematamos ya con la copa y algo dulce de postre, lo bordamos.
Da la vida ese ponernos al día de todo aunque hablemos por el whatsapp diariamente, porque sabemos que no es lo mismo, porque el tenernos delante no se paga con dinero.
Dan la vida esos momentos de sinceridad, de desahogos y de vergüenzas fuera porque son quienes mejor te entienden, te levantan y te empujan para seguir.
Da la vida reírte hasta llorar, planear en bucle todo el rato, soñar despiertas, resolver nuestras vidas y el mundo aunque sea momentaneamente, volar...
Da la vida estar con ellas y saber que todavía hay por delante muchos segundos que compartir.

-DetallesConectados-

domingo, 28 de enero de 2018

Paz

Llega un momento en la vida, a base de despedidas, en el que descubres que los que se han marchado de tu lado, los que han huido sin decir adiós, no sólo te han hecho un favor, sino, posiblemente, el mayor de los regalos: estar en paz.

-Ali cia-

sábado, 27 de enero de 2018

Los charcos


Todo empezó a complicarse el día que dejamos de saltar en los charcos porque nos manchábamos la ropa.

-Marta Eme-

viernes, 26 de enero de 2018

El día más importante

Nunca sabes cuál va a ser el día más importante de tu vida, los días que crees que serán importantes nunca son como los imaginas en tu cabeza. Los días normales que empiezan igual que otro cualquiera, son al final los más importantes.
Nunca sabes que el día más importante de tu vida es el más importante hasta que lo vives. No reconoces el día más importante de tu vida hasta que estás dentro de él…; el día que entregas algo o a alguien…, el día que te rompen el corazón..., el día que conoces a tu alma gemela…, el día que te das cuenta de que no hay casi tiempo porque quieres vivir para siempre…, esos son los días más perfectos.
Nunca sabes cuál va a ser el día más importante de tu vida, quizás lo sea hoy, así que vívelo intensamente y sin prisas, déjate llevar hora a hora, minuto a minuto y quien sabe… quizás al final del día, cuando llegue la noche y te retires a descansar te des cuenta de que hoy ha sido uno de esos días importantes, porque en ningún sitio está escrito que tenga que haber sólo uno. 

-Hasta la última estrella-

jueves, 25 de enero de 2018

Tangibles

Una de las razones por las que quería volver, tal vez la de mayor peso, era porque quería estar más cerca de todo y de todos. El perdernos momentos relevantes e importantes es seguramente el trago más difícil, un sacrificio inconscientemente necesario para poder vivir aquella vida que hemos elegido.
Y cuando digo cerca, puede que no sea literalmente, ya que sigo teniendo distribuido por media geografía a algunas de mis mejores amistades. Pero aun así se sienten mucho más próximas. 
Desde que he regresado no sólo he aprovechado para pasar más tiempo con mis incansables e imprescindibles Amiguis, sino que he hecho lo posible por arañar minutos con aquellas que es más complicado quedar, a pesar de tenerlas a un paso. 
Increíble ha sido cómo he ido poco a poco recuperando contacto con esos que habían pasado y dejado huella por mi vida a lo largo de tantos años en la capital portuguesa. No es que antes no lo hubiese pero tal y como me esperaba, el estar de vuelta, ha abierto las puertas de los reencuentros.
Las llamadas de teléfono se han sucedido de manera escalonada, casi siempre acompañadas de buenas noticias, de invitaciones irrecusables y de palabras de aliento para seguir luchando y tirando pa'lante, para no morir en la orilla después del esfuerzo y la valentía que le he echado a la vida. 
Sabe bien ser consciente que hay tanta gente cerca de ti, arropándote, queriendo acompañarte en esta nueva aventura. Sé que tardaré en cumplir con todas esas visitas prometidas aunque tened por seguro que he de llegar a todos, más tarde o más temprano. 
Pero no me quedo sólo con eso. Ayer mismo se me empañaron momentáneamente los ojos cuando recibí uno de esos mensajes que te alegran el día y te sacan la sonrisa más grande que tienes. A lo largo de todos estos años, probablemente lo que más rabia me dio fue no estar presente para ver nacer a los primeros polluelos de mis míticas. Tal vez por ser los primeros o tal vez por ser los de ellas pero no poder compartir aquel momento, aunque fuese un instante, y tener que verlo desde lejos, fue duro y triste. 
El caso es que con ese mensaje fui consciente de algo tangible y palpable: estoy aquí, he vuelto y estaré presente para ese nuevo pollo que está de camino. 
Pequeños detalles que hacen que a cada paso que doy, sienta que son el reafirmar de la decisión que tomé hace ya casi cuatro meses. 
No muchos minutos después alguien ajeno a todo esto me hizo una pregunta muy directa pero muy sutil: 
- ¿Estás feliz de haber vuelto? 
Y yo le respondía con rotundidad y seguridad: 
- ‎¡Sí! 

-DetallesConectados-